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Uno de los sellos distintivos de la
participación de Canadá en el mundo ha sido nuestro compromiso de
construir un sistema justo y equitativo que le de forma al actual orden
internacional. Principalmente administrado por excelentes
instituciones internacionales, este sistema toma su fuerza del valor de las naciones
miembros quienes trabajan superando dificultades para encontrar
puntos medios y para conciliar sus diferencias en vez de pelear
por ellas. Los recientes ataques
contra el Centro Mundial de Comercio y el Pentágono son ataques directos
contra estos valores y enfoques; representan la antítesis de esa visión
global justa. Es irónico que estos ataques han sucedido precisamente
cuando dicha visión es compartida internacionalmente hoy más que nunca.
La caída de la Muralla de Berlín, y con ella casi los últimos vestigios
de la ideología comunista, fue el principio de una tendencia.
Actualmente, es claro que la lógica de aunarse al nuevo orden mundial ha
cobrado fuerza. La tan buscada aceptación de la República de China
dentro de la Organización Mundial de Comercio y los esfuerzos de Rusia
para integrarse a ella son ejemplos recientes de ésta tendencia. Los
fundamentos de nuestras instituciones y valores han sido construidos en
gran medida en reacción a la guerra y la violencia. Por ejemplo, los
primeros Acuerdos Multilaterales fueron adoptados por primera vez después
de la Segunda Guerra Mundial como resultado de la sabiduría de aquellos
quienes comprendieron que el fomentar una mayor interdependencia
económica incrementaría significativamente las posibilidades de una paz
duradera.
La contribución Europea a
este nuevo orden mundial ha sido particularmente exitosa y espectacular.
De este lado del Atlántico, la decisión de líderes políticos de
incluir una cláusula de democracia en el proceso de la Cumbre de las
Américas el pasado Abril 2001 fue un logro fundamental en la historia de
las relaciones internacionales. El proceso de la cumbre pretende lograr,
entre otras cosas, un acuerdo de libre comercio en el hemisferio. Los
ministros de comercio del mundo pueden jugar un papel vital en reafirmar
confianza en el orden global y en las instituciones mundiales. Esto se
debe a que el comercio es una de las bases más importantes para el
progreso de las metas políticas y sociales del mundo. Es por ello que
exhorto fuertemente a mis colegas alrededor del mundo a continuar con
planes para lanzar una nueva ronda de pláticas en la próxima reunión
ministerial de la Organización Mundial de Comercio. Esta
ronda verá hacia el futuro y hacia el pasado. Uno de los objetivos
principales es el de asegurarnos que las naciones en desarrollo puedan
recibir todos los beneficios de su membresía en la OMC. Este aspecto del
trabajo de la OMC es de particular interés para mi. Como presidente del
consejo del grupo ministerial responsable por cuestiones de
implementación en nuestra última reunión en Seattle en 1999, he
sido testigo del desarrollo de lo que ahora son cimientos sólidos para
atender las cuestiones de mayor interés por parte de los países en
desarrollo. Hemos logrado un progreso considerable en ésta materia. No
debemos perder el ímpetu. Otro
objetivo de la nueva ronda deberá ser la continuación de innovaciones de
tal manera que la OMC pueda reflejar los valores democráticos tales como
la transparencia que se han convertido en las normas en muchas partes del
mundo. Esta será una ronda que atenderá las claras necesidades del Sur,
las fuertes expectativas del Norte y la mejores esperanzas de todos. Las
raíces del terrorismo y el odio crecen más fuertes en terreno pobre. El
desarrollo económico y social en los países más pobres ayudará a
erradicar la desesperanza que puede engendrar odio. Un sistema de comercio
global basado en reglas es un componente vital para reducir la pobreza y
mejorar la seguridad. La pobreza
mundial no es inevitable. Algo se puede hacer; ya tenemos pruebas de
progreso. En las últimas décadas la tasa promedio de mortalidad en el mundo
subió de 45 a 64 años de edad. Las tasas de alfabetismo casi se han
duplicado. El porcentaje de la población mundial con acceso a agua limpia
y segura ha crecido de 45% a 70%. Los
beneficios del comercio para los países en desarrollo son claros: los
países en desarrollo con economías abiertas crecieron 6 veces más en
los años 70's y 80's que aquellos con economías cerradas; están
acercándose más a los países ricos mientras que aquellos con mercados
cerrados se están rezagando. Para
continuar con dicho progreso, es necesaria otra ronda de pláticas de la
OMC. Es también necesaria para afinar las reglas y asegurarnos que el
sistema de comercio mundial refleje las realidades y prácticas de
negocios modernas. Canadá ha enfatizado la necesidad de asistencia
técnica para ayudar a las naciones en desarrollo a establecer reglas e
infraestructura modernas. Y por
supuesto, Canadá también cree que los países en vías de desarrollo
deben jugar un papel importante preparando a sus sociedades para los
beneficios y las obligaciones que conlleva el comercio abierto. La manera
en que pueden hacer esto es a través de reformas como la adopción y
apoyo de normas de derecho; el establecimiento de sistemas de
impuestos personales y corporativos y de un sistema legal independiente;
la adopción de políticas que aseguren que los beneficios sean
compartidos en toda la sociedad; la inversión en la gente (educación);
y el establecimiento de medidas que aumenten la transparencia. Hablando
de nuestro país, a raíz del 11 de septiembre el libre flujo de comercio
entre Canadá y los Estados Unidos (la relación comercial más grande y
exitosa del mundo) es ahora más importante. La relación es importante
para ambas economías: el valor del flujo que pasa por nuestra frontera es
cerca de dos mil millones de dólares diarios. Por ello, Canadá ya ha
efectuado cambios administrativos en la frontera con el fin de incrementar
la seguridad de nuestros ciudadanos y facilitar el flujo del comercio. Se
ha incrementado el personal y se han abierto más carriles. Los
canadienses rara vez piensan en estos elementos logísticos, sin embargo
ha sido la base de una relación comercial inmensa y provechosa. Es
difícil evaluar el impacto del 11 de septiembre en la economía
canadiense. Anticipamos que el volumen de comercio retornará a niveles
normales y que nuestra relación económica también se normalizará
aunque ésta será una nueva normalidad. Parte
del retorno a la normalidad debe ser no solo la reafirmación de nuestras
instituciones sino también de los valores que las apoyan. La visión de
Canadá de su papel en el mundo está basada en una filosofía liberal
democrática de progreso optimista dentro de un marco de fe en la regla de
la ley (rule of law). Continuamos
lidiando con la incertidumbre y el temor generados por los ataques. Sin
embargo, sigo creyendo que nuestros valores compartidos guían a nuestras
instituciones internacionales a trabajar juntos y a establecer vínculos
más firmes en tiempos difíciles. Pierre
Pettigrew fue Ministro de Comercio Internacional de Canadá. 
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